
Última actualización: 03/05/2012
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Una vez más, el talentoso productor de Manchester forja un tipo de techno que tiene en su lentitud enfermiza su máxima virtud: las piezas no se mueven con agilidad, sino que reptan como serpientes por el barro, abundando en efectos que suenan viscosos al oído, sucios, y a veces asfixiantes. Andy Stott va desgranando con paciencia los argumentos de su nueva línea estética, que ya se aleja definitivamente del dub, del electro y del jungle para abrazar el lado más oscuro del techno y el house.